Vuelve, vuelve. Ven por algún tiempo, aquel tiempo en que yo me encuentre en la ciudad y nos podamos ver. Ven y búscame, yo te buscaré. Abrázame, yo te abrazaré. Bésame, yo te besaré. Quiéreme, yo te querré. Y te querré de aquí hasta Viña del Mar, hasta Puerto Montt, hasta Estados Unidos y hasta el fin del mundo. Ven, mírame, obsérvame. Piérdete en mis ojos, en mis labios. Hazte náufrago de mis lágrimas al verte. Yo estaré aquí, mirándote, observándote. Yo me perderé en tus ojos marrones y en tus labios al igual que tú, y seré náufraga de mis propias lágrimas. Regresa, aunque sea por un corto tiermpo, pisa nuevamente las calles de esta ciudad. Por favor, pasea conmigo por la Avenida, pasea conmigo por el centro comercial. Pisa, junto a mí, el asfalto del paseo Pratt. Vamos, yo te espero aquí, espero a que llegues y seamos felices en una, dos o tres salidas. Nos recostemos en el pasto y nos queramos como siempre hemos querido hacerlo. Recostémonos en la suave hierba y abrazémonos como siempre lo hemos deseado, besémonos como siempre los hemos anhelado, y yo me recostaré en tu pecho, tal cual aquellas noches en que lo último que escuchaba era tu voz susurrándome un te quiero...